Aerotermia en rehabilitación energética: la clave para transformar los edificios existentes


La aerotermia en rehabilitación energética se está consolidando como una de las alternativas para modernizar las instalaciones térmicas de viviendas y edificios que todavía dependen de calderas de gas o gasóleo. Sin embargo, trasladar esta tecnología a un inmueble existente requiere analizar previamente sus características, ya que las condiciones de una rehabilitación son diferentes a las de una obra nueva.
La envolvente térmica, los radiadores disponibles, el espacio para instalar la unidad exterior, la potencia eléctrica y, en el caso de las comunidades de propietarios, los acuerdos necesarios son algunos de los factores que deben estudiarse antes de acometer la instalación.
¿Cómo funciona la aerotermia?
La aerotermia utiliza una bomba de calor capaz de aprovechar la energía térmica presente en el aire exterior. Mediante un proceso termodinámico, el sistema puede proporcionar calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria (ACS), dependiendo de la configuración elegida.
Aunque la bomba de calor necesita electricidad para funcionar, puede proporcionar más energía térmica de la que consume eléctricamente. Su eficiencia se analiza mediante indicadores como el COP y, especialmente, el SCOP, que permite valorar el comportamiento estacional del equipo.
La consideración de la energía aerotérmica como renovable está sujeta, además, a los
criterios establecidos por la normativa europea y al rendimiento estacional del sistema.
La eficiencia depende de la temperatura de impulsión
Uno de los aspectos fundamentales cuando se instala aerotermia en un edificio existente es comprobar si los emisores actuales son compatibles con las temperaturas de funcionamiento de la bomba de calor.
Los edificios antiguos suelen disponer de radiadores diseñados para trabajar con calderas que impulsaban agua a temperaturas elevadas. La aerotermia alcanza mejores rendimientos cuando puede trabajar a temperaturas de impulsión más bajas.
Por este motivo, antes de elegir el equipo resulta conveniente estudiar la demanda energética del inmueble y comprobar el comportamiento de los radiadores. Mejorar previamente el aislamiento de fachadas y cubiertas, renovar ventanas o reducir infiltraciones puede disminuir las necesidades térmicas y facilitar el funcionamiento del sistema a menor temperatura.
Cuando los radiadores existentes no son suficientes, pueden sustituirse determinados emisores por modelos de mayor superficie o soluciones específicamente diseñadas para baja temperatura. También existen bombas de calor capaces de trabajar a temperaturas más elevadas, aunque su rendimiento estacional puede ser inferior.
Diferentes opciones para rehabilitar un edificio
La aerotermia aire-agua es una de las configuraciones más habituales cuando se pretende sustituir una caldera. Permite calentar el agua del circuito de calefacción y producir ACS y, si el sistema es reversible y los emisores son adecuados, también refrigerar.
Otra posibilidad es la aerotermia aire-aire, que transmite directamente el calor al aire interior mediante unidades como splits o sistemas por conductos. En este caso, la producción de ACS requiere una solución adicional.
También pueden plantearse sistemas híbridos, combinando una bomba de calor con una caldera existente para cubrir situaciones en las que se necesiten temperaturas de impulsión elevadas.
La combinación de aerotermia y autoconsumo fotovoltaico constituye otra alternativa. La producción solar puede cubrir parte de la electricidad utilizada por la bomba de calor, aunque su aprovechamiento dependerá del dimensionamiento y de la coincidencia entre generación y demanda.
Aerotermia centralizada o individual
En los edificios residenciales existen dos planteamientos principales. Una instalación centralizada puede utilizar una o varias bombas de calor de mayor potencia, junto con depósitos de inercia y ACS.
La segunda opción consiste en instalar un equipo independiente en cada vivienda. Esta alternativa proporciona mayor autonomía a cada propietario, pero puede complicar la ubicación de las unidades exteriores y requiere analizar previamente las condiciones del edificio.
Además, debe comprobarse que la instalación eléctrica existente y la potencia contratada pueden asumir la nueva demanda.
Ubicación de la unidad exterior y comunidad de propietarios
La ubicación de la unidad exterior es otro elemento esencial. Debe garantizar una correcta circulación del aire, permitir las labores de mantenimiento y resolver adecuadamente el drenaje del agua generada durante el funcionamiento.
También deben considerarse el ruido, las vibraciones, las distancias de seguridad asociadas a determinados refrigerantes y las posibles exigencias urbanísticas.
En las comunidades de propietarios, la instalación de sistemas de aerotermia está además condicionada por la Ley de Propiedad Horizontal y por las reglas aplicables a
las obras de eficiencia energética y aprovechamiento de energías renovables.
Normativa y ayudas para la aerotermia
La instalación debe cumplir, entre otras disposiciones, las exigencias del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) y del Código Técnico de la Edificación. En determinados casos también será necesario justificar la contribución renovable para la producción de ACS.
En 2026, las actuaciones de mejora de la eficiencia energética pueden beneficiarse de determinadas deducciones fiscales en el IRPF, siempre que se cumplan los requisitos establecidos y se acredite la mejora mediante los correspondientes certificados energéticos. El porcentaje aplicable depende del tipo de actuación y del inmueble.
Por tanto, instalar aerotermia en un edificio existente no consiste simplemente en sustituir una caldera por una bomba de calor. El resultado depende de un análisis conjunto del edificio, su envolvente, los emisores, la instalación eléctrica, las necesidades de calefacción y ACS y las condiciones de instalación.
Una planificación técnica previa permite dimensionar correctamente el sistema y determinar qué actuaciones complementarias pueden mejorar su rendimiento y reducir el consumo energético del edificio.






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